Bravo, Rubén: El Maestro (1923-1977)

por Fernando Paso Viola, socio del CIHF

 

Jugador de gran jerarquía que cumplió un ciclo notable en Racing, revitalizando el plantel en la antesala del tricampeonato profesional. Fue partícipe del seleccionado argentino en algunos partidos. Está entre los más grandes goleadores de la historia con 78 conversiones para Racing Club que lo sitúan como N° 15 entre los más grandes artilleros del ranquin de goleadores históricos del club.

Centrodelantero y director técnico. Nació el 16 de noviembre de 1923 en Cruz Alta y falleció el 24 de agosto de 1977 en Guatemala. En Racing estuvo entre 1946 y 1952 con un total de 149 partidos. Debutó el 21 de abril de 1946 frente a Lanús (1-0) y su último cotejo fue el 6 de julio de 1952 enfrentando a Rosario Central (1-1). Llegó desde Rosario junto a Saturnino Roberto Yebra y Héctor Ricardo, en la misma época en que Juan Carlos Fonda arribó desde Platense. El costo de la operación fue de $ 170.000 más la cesión de Roberto Quatrocchi y la realización de un amistoso en Rosario que se jugó ante 7.000
espectadores el 12 de marzo y ganó Racing 1 a 0 con gol de Antonio José Iuzzolino, otro impresionante goleador racinguista que alcanzó 90 anotaciones en distintas categorías entre 1941 y 1946. En 1962 se hizo cargo de la dirección técnica del primer plantel académico.

Con la casaca racinguista sufrió una gran decepción en 1948 – cuando el equipo se proyectaba para campeón- al declararse la huelga de futbolistas no pudo obtener el título porque el torneo prosiguió con jugadores de las divisiones menores. Allí Racing abandonó la competencia en señal de protesta por la oportunidad perdida a raíz de las decisiones tomadas que concluyeron en su perjuicio. Tiempo después Bravo consideró que esa había sido su mejor temporada y que los hechos mencionados fueron un impedimento para que lo citaran a la Selección Nacional en ese año, no pudiendo cumplir su sueño y considerando que fue como si le quitaran algo que le pertenecía. Luego solo pudo jugar tres partidos en el equipo nacional, entre ellos el enfrentamiento versus Inglaterra en el mítico estadio de Wembley.

En ese año 1948 surge una de las grandes delanteras de la historia, que integraba junto a Salvini -luego Boyé- y finalmente Cupo, Méndez, Simes y Sued. Los simpatizantes académicos siempre recuerdan que cuando se obtuvo el campeonato de 1949 Bravo se lo dedicó a la hinchada, reconociendo la paciencia que la misma tuvo al esperar para ver que un equipo de su club volviera a dar en un campeonato la vuelta olímpica, en uno de los momentos fundamentales de la historia albiceleste. Un gesto de caballero. Recordemos que Racing obtuvo tres títulos por copas nacionales en esa época de sequía de campeonatos. Sin embargo en otras categorías pudieron lograrse 33 títulos: 8 de Tercera Liga, 11 de las Cuartas A y B, 12 de las quintas A, B y C y uno cada uno de Intermedia 1926 y Sexta en 1936. Bravo fue factor fundamental en la obtención del tricampeonato de 1949-51, tanto por sus goles como por su juego aunque no pudo estar presente durante parte de la campaña de 1950.

Comenzó en el club Everton de Cruz Alta (hoy Newbery y Everton), Unión Deportiva Los Molinos (Liga Casildense), jugó en Rosario Central (1941-1945); Botafogo de Rio de Janeiro, Brasil (1952); Palestino de Chile (1953-1954); varios clubes de Francia como el Niza (1954-1957), el Grenoble (1957-1959), el Aix F. C. (1959), el F. C. Rouen (1960) y el Racing Club de Roubaix (1960-62). De este último club se inspiraron los fundadores de la Academia para elegir el nombre en 1903 cuando leyeron en la tapa de la revista francesa “L’Auto” que en 1902 fue el campeón de Francia. Para Rosario Central jugó un año en el Ascenso, consagrándose campeón de la divisional. También fue convocado para la Selección Argentina (1950-51).

Ha sido uno de los mejores centrodelanteros en una época de oro para el fútbol argentino. Era inteligente, pícaro, creativo y sutil para manejar la pelota, elegante y exquisito en su función, con mucha plasticidad. Sabía organizar el juego, era un cabeceador eximio -no era alto (1,74 cm) pero su salto era atlético y estético, y su cabezazo, preciso y eficaz, podía amortiguar la pelota o darle efecto- y un gran goleador, era peligrosísimo cuando acortaba la distancia sobre el arco contrario y shoteaba sorpresivamente. Cuando venía un centro elevado al área era gol cantado de Bravo. Siempre mostró su calidad como jugador y sus virtudes como excelente persona. Por sus características personales y de futbolista no hubo mejor apodo para él: “El Maestro”. Era de Rosario, donde los hinchas de antaño consideraban que fue el mejor heredero del famoso rosarino Gabino Sosa. Apareció en la Primera División de Central en 1941, donde jugó con Heredia, Harry Hayes (h) y Waldino Aguirre. En 1944 lo observaron desde Racing y Bravo decidió que si quería triunfar en el fútbol no debía desaprovechar esta oportunidad que se le presentaba. En la Academia de Avellaneda demostró sus virtudes de crack y se convirtió en ídolo de la hinchada. Hasta llegó a ser considerado por las publicaciones deportivas como “el futbolista No 1 del país”.

Durante su paso por Francia, obtuvo los títulos de preparador físico y director técnico, con los mejores promedios, y donde compartió los cursos con compañeros como Helenio Herrera, Luis Carniglia y Fernando Riera. En nuestro país dirigió brevemente a Racing y Almagro en 1962, Gimnasia y Esgrima La Plata en 1963 y 1964 y continuó en 1965-1966 en Racing de Montevideo, en clubes de Colombia y en el Mónaco de Francia en 1972-1974. En 1970, mientras la Selección Nacional estuvo a cargo técnicamente de Juan José Pizzuti, dirigió los planteles juveniles y colaboró con la selección mayor. Dirigió al Seleccionado juvenil en el Sudamericano de 1971, el Preolímpico 1971 (clasificatorio para los JJOO de 1972), el Torneo de Cannes (1971–1972) y fue campeón Panamericano en 1972.

Tuvo después una excelente campaña en Talleres de Córdoba en 1977 donde encontró la muerte durante una gira que realizaba el equipo por Centroamérica, el 24 de agosto de 1977 en Guatemala, por un síncope. Sus restos fueron velados en la sede central de Racing.

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