por Facundo Sinatra Soukoyan, socio del CIHF
Corría enero de 1903. Apenas habían transcurrido cuatro días del inicio del año y poco más de un mes desde la fundación del Club Atlético Salteño (29 de noviembre de 1902), institución pionera en el norte argentino y antecesora directa del actual Club de Gimnasia y Tiro.
Dicho club se había fundado con la manifiesta intención de fomentar y divulgar la práctica atlética, por intermedio de docentes de la Escuela Normal que habían tomado cursos teórico-prácticos en Buenos Aires. Dichos aprendices volvían a sus provincias con la tarea de multiplicar el sentido positivo del deporte e incorporar los ejercicios físicos a la instrucción escolar y a la vida social.
Bajo estas premisas, sin un espacio físico determinado pero con la decisión firme de comenzar un camino de crecimiento sostenido, el grupo inicial, encarnado sobre todo en la figura de Victoriano de la Vega, se propone motorizar dichos anhelos con convicción y entusiasmo.
Más allá de la formación de los primeros estatutos, las primeras comisiones directivas y la definición de los objetivos y horizontes institucionales, los entusiastas pioneros comienzan a pergeñar la idea de comenzar a practicar un deporte apenas conocido en el norte del país: el football.

Así será que el día viernes 2 de enero de 1903, en reunión de Comisión Directiva llevada a cabo en el local de la Escuela Benjamín Zorrilla (según se puede leer en la crónica del día 3 del diario La Montaña), se resuelve, entre otros puntos, organizar un partido de football para el domingo próximo.
Gracias al relato detallado del citado diario salteño en su crónica del 5 de enero, se puede acceder hoy a la descripción de aquella histórica jornada, quedando registradas las incidencias del que fuera el primer partido de fútbol documentado en la provincia de Salta.
Bajo el título de “El primer partido”, el periódico comenzaba la crónica: “Ayer, a las 5 p.m. algunos socios del Club Atlético y según acuerdo anterior, se dirigieron al lugar elegido para los ejercicios físicos, situado entre el edificio de la ex – Escuela Normal de Maestros y de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, 20 de septiembre”.
La descripción continúa: “Es un terreno plano como una tabla y muy a propósito para el objeto que se le había tenido en vista. Construido un rectángulo con estacas unidas por cordeles, se formó un partido de football”.
Los 123 años que separan aquel hecho del presente hacen que algunas descripciones resulten algo llamativas; sin embargo, lejos de restarles valor, sirven y resultan sumamente precisas, para situar en el espacio y en el tiempo histórico, como cuando se comenta la forma en la que delimitaron el terreno de juego, “estacas unidas por cordeles”.
Luego se describen lo que hoy conocemos como “alineaciones oficiales de los equipos”, con la particularidad de tener siete jugadores por bando y unas posiciones marcadas con nombres verdaderamente llamativos que remiten a otra época del deporte:
“Primer bando – Capitán: Victoriano de la Vega – Arquero: C. Hoyos – Seguros: Moises J. Oliva y Laudino Pereyra – Ágiles: Arístides Hádrowa, Alfonso Baissac y Capitan Gorsse. Segundo Bando – Capitán: Santiago Meaney – Arquero: Enrique Dousset – Seguros: Moisés J. Salas y Hector P. González – Ágiles: Luis Peralta, joven Zeballos y Alberto C. Trogliero”.
El matutino continúa: “La elección del campo se decidió por la suerte; habiendo resultado favorecido el capitán Meaney, cuyo bando daba la espalda al sol. La lucha fue reñida y risueña a la vez”.
Del texto comienzan a desprenderse imágenes de una partida teñida de cierta improvisación, pero al mismo tiempo, de práctica distendida y entusiasta por aquel deporte que apenas un puñado de personas conocía, mientras otros tantos se acercaban a observar, para luego animarse a practicarlo.
Esa improvisación, clima festivo y relajado, se verá con claridad en el nuevo pasaje que el cronista del diario La Montaña dejará plasmado para la eternidad:
“En el calor del juego y debido a la clase de calzado, impropio para el acto, y a la yerba que cubre el campo, se produjeron algunos accidentes ligeros que han contribuido para que fuera más entretenido y agradable el partido. Uno de ellos, el joven Zeballos, al rechazar con viveza la pelota, diole demasiado impulso al cuerpo y fue a parar al suelo de cuatro pies. Pereyra resbaló y cayó sentado; pudo muy bien decir como aquel paisano de Hidalgo, el padre nuestro de la poesía gauchesca: “me pegué tan gran culazo; que si allí tengo narices; quedo para siempre ñato”.
Bajo este espíritu burlón y decontracturado se desarrollaba el match: “Y por fin, el payo Salas, recibió un pequeño golpe en la rótula izquierda manchándose de verde el pantalón flamante y de corte irreprochable. Todo pasó entre carreras y risas”.
En medio de las risas y la distensión propia de aquel momento fundacional, hubo un equipo ganador: “Triunfó al fin con dos tantos, el bando capitaneado por el Sr. Victoriano de la Vega”, en un partido que “duró media hora”, reforzando la idea de estar apenas ensayando, probando y aprendiendo esta nueva disciplina deportiva.
Como corolario, y quizás inaugurando desde tiempos tempranos una práctica extendida en encuentros amistosos y relajados, se organizó un “tercer tiempo”; la crónica relata: “Unas copas de rubia y transparente cerveza Pilsen, obsequiada al club por el Sr. Hádrowa, coronó el primer partido de ensayo”.
Las expectativas por el puntapié inicial que se daba con este primer partido oficial del Club Atlético Salteño, generaban entusiasmo entre los protagonistas, tanto dentro como fuera de la cancha: “El próximo domingo se repetirá el partido que, los esperamos, será más numeroso y reñido”.
Aquel 4 de enero de 1903 se había dado un paso decisivo: se materializaba el comienzo y la formalización de un deporte que resultaba extraño e incipiente en los lugares que, como Salta, se encontraban alejados de los grandes centros urbanos, donde se concentraba la mayor cantidad de población con influencia inglesa, país de donde provenía el deporte.
“El primer ensayo ha entusiasmado a los socios que lo han hecho, y seguramente los demás que no han asistido, tan luego que hagan sus primeras armas, seguirán por la misma corriente”, finalizaba la crónica periodística, dejando, quizá sin proponérselo, una huella histórica imborrable que, a 123 años del hecho, vuelve a ver la luz y certifica que aquel, fue el primer partido de fútbol documentado de la historia de Salta.
Nota: la imagen que encabeza la nota es solo a modo de ilustración y no corresponde al evento descripto.
