por Raúl Ramírez, socio del CIHF
El 7 del corriente falleció Ángel Norberto Coerezza a sus 92 años. Dos veces árbitro mundialista argentino, tuvo una larga trayectoria en nuestro fútbol y con su partida se va el que fuera quizás el último eslabón entre la camada de árbitros que vinieron después de la etapa británica, y los de la etapa moderna, que llega hasta nuestros días.
Fue un amigo del Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol. Alguna vez participó de nuestras actividades, impulsado por la presencia en nuestras filas de Ernesto Binda, quién también fuera árbitro, en su caso del ascenso y luego colaborara con Coerezza como docente en la Escuela de Árbitros de la Asociación del Fútbol Argentino. Fue en una de esas charlas donde plasmara su visión de las distintas etapas del referato argentino: “En los comienzos para dirigir partidos había que ser guapo, con eso alcanzaba. Luego además de guapo, había que conocer el reglamento y posteriormente se hizo necesario también un buen estado físico para seguir la acción de cerca”. Si bien Coerezza no perteneció a la época de la guapeza como exigencia fundamental, cuando las circunstancias se lo exigieron lo fue y alguna vez se trenzó a golpes de puño con quienes lo agraviaron cuando se aprestaba a entrar a un estadio. Iniciado en las filas de la A.F.A. en 1953, su debut en Primera División fue en 1957, con solo 23 años. Con el arbitraje británico en retirada, tuvo tiempo de ser contemporáneo con sus últimos exponentes. Además de ser sorprendentemente joven para dirigir en primera división, demostró desde el principio madurez y equilibrio. Ni severidad innecesaria ni permisividad, sino un razonable equilibrio y voluntad de aplicar el reglamento con justicia caracterizaron su actuación. La severidad llegaba cuando hacía falta, como con los tres expulsados (Cubilla, Cap y Marzolini) en un River – Boca de 1964, cifra desusada en el superclásico del fútbol argentino.
Como internacional arbitró en las Copa del Mundo de 1970 y 1978. En la primera de ellas, jugada en México dirigió en la victoria de los locales ante Bélgica por 1-0, con gol de penal de Peña, sanción cuestionada por los belgas, pero que mereció el respaldo del Comité Arbitral del certamen. En mérito a ello fue designado para arbitrar el choque de cuartos de final entre Alemania Federal – Inglaterra, virtual revancha de la final de cuatro años antes. Fue victoria germana por 3-2, remontando un 0-2 adverso en dramático partido, que Coerezza comentaba se le hizo fácil de dirigir (amonestó a un jugador por bando) y disfrutó mucho. Fue luego juez de línea (árbitro asistente con la terminología actual) del partido final que Brasil ganó por un claro 4-1 ante Italia, match que se rumoreaba podía ser dirigido por el propio Coerezza. Finalmente fue Rudi Glockner, árbitro de la República Democrática Alemana el elegido, con el suizo Scheurer y Coerezza en las bandas. Previamente fue asistente en el triunfo de la Unión Soviética 2-0 ante El Salvador.
Ocho años después dirigió en el Monumental de River Plate el partido inaugural de la Copa de 1978, un 0-0 entre Alemania Federal y Polonia. De tal modo fue el primer árbitro argentino en actuar como árbitro principal en dos copas del Mudo distintas, marca hasta ahora solo igualada por Néstor Pitana entre 2014 y 2018.
También presente en el fútbol olímpico en los Juegos de 1976 en Canadá, arbitró en Ottawa el 4-1 de Francia ante México.
Tuvo también presencia habitual en la Copa Libertadores desde 1964 hasta el final de su carrera.
Desaparece con él una de las figuras mas importantes que produjo el arbitraje argentino, tanto en su función activa como en la posterior de docente, que ejerció con dos décadas a cargo de la Escuela de Árbitros de la AFA.
