por Fernando Serra, socio del CIHF
La 12ª edición de la Copa del Mundo disputada en España fue la primera en jugarse con 24 selecciones, alterando el formato de 16 federaciones, con la excepción de algunas competencias en las que participaron menos que esa cifra. Este aumento de plazas le permitió a algunas Confederaciones contar con dos cupos: fue el caso de África, Concacaf y Asia / Oceanía.
El torneo se dividió en 6 grupos por primera vez, de cuatro integrantes cada una, donde los dos líderes clasificaron a la segunda fase. Esta se volvió a dividir en 4 zonas de tres integrantes y el ganador de cada una de ellas clasificó a las semifinales. Recién allí los partidos se definieron por eliminación directa.
Este aumento de plazas le permitió a varias selecciones disputar por primera vez una Copa del Mundo. Entre los debutantes se encontraba Kuwait, perteneciente a la península arábiga, netamente musulmán, el segundo en llegar de aquella región asiática, tras la clasificación de Irán en el mundial precedente de Argentina. La excepción fue Israel en 1970 pero de tradición y cultura absolutamente diferentes, especialmente en lo religioso.
Kuwait, que consiguió su independencia del Reino Unido en 1961, es una nación recordada por la Guerra del Golfo en 1990. En 1982 participó por primera y única vez de la más importante competencia a nivel selecciones. El mencionado Irán y Arabia Saudita lideran el ránking de participaciones, en tanto Emiratos Arabes Unidos, Qatar e Irak también han representado (incluso en el mundial 2026) al fútbol islámico.
Al representante kuwaití le tocó en suerte una zona a priori muy difícil de sortear: nada menos que Inglaterra, Francia y Checoslovaquia (actualmente disuelta). El debut fue precisamente ante los checos el 17 de junio en el estadio El Prado de Valladolid, obteniendo un meritorio empate en uno, siendo Al Dakhil quien anotó el primer gol de la historia para su escuadra.
El segundo encuentro del 21 de junio es el que marca el hecho insólito de aquella competencia y el motivo principal de esta nota. El rival fue Francia. La selección Gala ya contaba con figuras que la transformaron en potencia años más tarde, desplegando un juego de alto vuelo con Platiní, Giresse, Lacombe y Six, entre otros. El encuentro se disputó en el mismo escenario del debut: El Prado.
La curiosidad se dio cuando faltaban diez minutos para el final y el mediocampista Alain Giresse convirtió el cuarto gol de su equipo (el marcador ya estaba 3 a 1 a favor de los europeos). En la tribuna se encontraba presenciado el partido el jeque Fahid Al Ahmad Al Sabah, presidente de la federación de Kuwait, quien inmediatamente irrumpió en el campo de juego y encaró al árbitro del encuentro, el soviético Miroslav Stupar, para “obligarlo” a anular el gol que acababa de marcar el francés, aduciendo que la presencia de un silbato del público confundió a sus jugadores, quienes creyeron que la jugaba se invalidaba por offside. Con el partido interrumpido debido al reclamo del jeque, el juez terminó cediendo y anuló el tanto, sin razón alguna y solo por sentirse acorralado por el propio dirigente kuwaití.
No hubo mayores reclamos de los franceses que vencían cómodamente, e incluso convirtieron un último tanto, esta vez sí convalidado, por intermedio de Bossis. Genghiní, Platiní y Six habían anotado previamente a este episodio, mientras que Al Bloushi descontó las cifras cuando estaba tres goles abajo. El resultado final fue 4 a 1.
Kuwait cerró su única participación en la Copa del Mundo con la derrota ante Inglaterra por la mínima diferencia, sin dejar un grato recuerdo, más que el de un episodio que pasó a la historia como uno de los más insólitos de los mundiales.

