por Darío Ocampo, socio del CIHF
Inglaterra eliminó a Argentina en los cuartos de final del Mundial del ´66 y terminó campeona en Wembley. Veinte años después, la Albiceleste devolvió el golpe en el Azteca y marchó rumbo a su segunda estrella. A sesenta años de Inglaterra 1966 y a cuarenta de México 1986, la rivalidad llega por primera vez a las semifinales de una Copa del Mundo.
Nunca antes la enemistad había alcanzado una instancia tan avanzada. En Chile 1962 y en Corea-Japón 2002 se cruzaron en la fase de grupos; en Francia 1998, en los octavos de final y en Inglaterra 1966 y México 1986, en los cuartos.
Estos últimos dos antecedentes contienen una coincidencia llamativa: el vencedor del encuentro terminó levantando la Copa del Mundo. Inglaterra conquistó su único título en 1966 y Argentina logró su segunda estrella veinte años después.
En 2026, el choque entre ambos estará nuevamente en la ruta directa a la gloria. Esta vez, más cerca que nunca. El ganador no se meterá entre los cuatro mejores, sino que quedará a un solo paso del título.
De maestros a antagonistas
La relación futbolística entre Argentina e Inglaterra comenzó mucho antes de que sus selecciones se enfrentaran.
La llegada de empresas, trabajadores, instituciones educativas y clubes británicos a la Argentina entre fines del siglo XIX y comienzos del XX fue fundamental para la introducción, organización y popularización del fútbol en el país. Las comunidades inglesas encontraron en colegios, ferrocarriles y asociaciones deportivas espacios donde expandir el juego.
Las primeras visitas de equipos británicos permitieron que el fútbol argentino se midiera con los que eran considerados sus grandes referentes. Southampton llegó en 1904; Nottingham Forest, un año después. Otros clubes continuaron alimentando el intercambio durante las décadas siguientes. Esos partidos no solo despertaron interés popular: ayudaron a medir el crecimiento de un fútbol local que pronto desarrollaría identidad propia, forjándose precisamente en esas primeras lides intercontinentales.

Tiempo después, aquel país que había ayudado a desarrollar el juego en tierras argentinas terminaría convirtiéndose en uno de los principales antagonistas de la Albiceleste.
El primer cruce mundialista entre Argentina e Inglaterra tuvo lugar en Chile 1962. Inglaterra ganó 3-1 con goles de Ron Flowers, Bobby Charlton y Jimmy Greaves, mientras José Sanfilippo descontó para Argentina. Los ingleses avanzarían a cuartos de final, mientras los sudamericanos quedarían eliminados en la primera instancia. Pero aquel encuentro todavía no cargaba con el peso simbólico que la rivalidad adquiriría solo cuatro años después.

Un partido tenso rumbo al título inglés
El 23 de julio de 1966, Argentina e Inglaterra se encontraron en los cuartos de final del Mundial organizado por los británicos. Los argentinos habían clasificado en segundo lugar del grupo 1, detrás de Alemania. La escuadra local, en cambio, había llegado líder de su zona al primer duelo de eliminación directa del certamen.
Wembley, donde Inglaterra jugó todos sus partidos en aquella Copa, atestiguó un tenso momento a los 35′. El árbitro alemán Rudolf Kreitlein expulsó al capitán argentino Antonio Rattín. El entonces capitán de Boca -fallecido el 11 de julio del 2026- reclamaba la presencia de un intérprete, pero el colegiado consideró agresivos sus gestos y ordenó su salida. Rattín demoró varios minutos en abandonar la cancha y, antes de hacerlo, estrujó un banderín del córner decorado con la bandera británica.
Argentina jugó buena parte del partido con un hombre menos. A los 78′, Geoff Hurst convirtió de cabeza el único gol del encuentro y clasificó a Inglaterra a las semifinales.

La disputa continuó después del partido. Alf Ramsey, entrenador de los locales, calificó a los argentinos de “animals” (“animales”), mientras en Buenos Aires el equipo fue recibido como víctima de una injusticia y reconocido por la prensa como campeón moral.
Inglaterra continuó su recorrido. Eliminó a Portugal en semifinales por 2 a 1 y venció 4-2 a Alemania Federal en la final, también en Wembley. Pero antes de alcanzar la gloria, los ingleses tuvieron que sacar de su camino a Argentina.

Historia argentina en el Azteca
Veinte años después de Wembley Argentina e Inglaterra volvieron a cruzarse. Nuevamente, en los cuartos de final; esta vez, en México. El partido estuvo atravesado por un contexto político imposible de ignorar: habían pasado apenas cuatro años de la Guerra de Malvinas.
El conflicto bélico no explica por sí solo la rivalidad, pero sumó una carga emocional significativa antes del encuentro. Para buena parte de la sociedad argentina, el partido excedía los límites del fútbol. Para los jugadores también había una Copa del Mundo en juego.
El Estadio Azteca fue testigo de una de las actuaciones individuales más recordadas en la historia del torneo. A los 51′, Diego Armando Maradona saltó frente a Peter Shilton y desvió con su puño una pelota que terminó en la red. El árbitro tunecino Ali Bennaceur convalidó el tanto: nació la Mano de Dios.
Solo cuatro minutos después, Maradona recibió la pelota en la mitad de la cancha. Superó a varios ingleses antes de eludir, también, al arquero y capitán rival. Con un toque a arco vacío, materializó el segundo gol argentino, el Gol del Siglo.

Gary Lineker descontó sobre el final y mantuvo en suspenso el partido, pero Argentina sostuvo el 2-1 y se clasificó a las semifinales. Luego, continuaría su paso triunfal en el Estadio Azteca: eliminó a Bélgica (2-0) y venció a Alemania Federal (3-2) en la final.
Inglaterra hizo de Wembley el escenario de su única consagración. Argentina convirtió el Azteca en el lugar de su segunda estrella. En ambos caminos, se vieron las caras en los cuartos de final.

Revanchas sin coronación
En los siguientes enfrentamientos, argentinos e ingleses repartieron nuevos golpes, aunque el vencedor ya no fue bendecido con el título como destino.
En Francia 1998 protagonizaron uno de los partidos más emocionantes del torneo en los octavos de final. Gabriel Omar Batistuta abrió el marcador de penal; Alan Shearer respondió de la misma manera; Michael Owen marcó un gol extraordinario y Javier Zanetti estableció el 2-2 antes del descanso.
La expulsión de David Beckham por una agresión a Diego Simeone dejó a Inglaterra con diez jugadores durante varios minutos del segundo tiempo. La igualdad persistió hasta el final del alargue y la clasificación acabó decidiéndose en los penales.
Tras las anotaciones de Sergio Berti y Alan Shearer, David Seaman contuvo el tiro de Hernán Crespo. Carlos Roa respondió al remate de Paul Ince y mantuvo la paridad. Lo propio hicieron Juan Sebastián Verón y Paul Merson, con goles en sus turnos. Los jóvenes Marcelo Gallardo y Michael Owen también convirtieron. Con el posterior gol de Roberto Ayala, Argentina obligó a David Batty a convertir para alargar la muerte súbita y Argentina avanzó a los cuartos de final. Sin embargo, el equipo dirigido por Daniel Passarella cayó en la ronda siguiente ante los Países Bajos. Esta vez, eliminar a Inglaterra no abrió el camino hacia el título.

Tampoco saldría de su cruce en 2002 el campeón mundial.
Los ingleses buscaban responder tras el empate inicial 1-1 contra Suecia. Los argentinos, vencedores por 1-0 en su debut ante Nigeria, llegaban entre los principales candidatos al título.
En el Domo de Sapporo, el capitán David Beckham convirtió de penal el único gol del encuentro. La victoria inglesa resultó decisiva: Inglaterra avanzó a octavos de final liderando la zona; Argentina quedó eliminada en la fase de grupos después de empatar contra los suecos y firmar una actuación decepcionante.

Tampoco hubo coronación inglesa. Brasil eliminó a los Three Lions en cuartos de final y terminó conquistando su quinta Copa Mundial. Después del choque de Sapporo, la rivalidad quedó suspendida en mundiales por veinticuatro años.
Veinticuatro años, dos caminos distintos
Argentina e Inglaterra atravesaron caminos diferentes desde aquel último cruce.
La Albiceleste vivió una extensa sucesión de frustraciones. Perdió las finales de la Copa América de Perú 2004 y de Venezuela 2007. Cuatro años después, quedó eliminada como local en los cuartos de final contra Uruguay.
En el Mundial 2014, volvió al duelo decisivo, pero acabó derrotada 1-0 por Alemania tras 120 minutos de juego en el Maracaná. Un año después, volvió a la final de la Copa América de Chile 2015 y haría lo propio en Estados Unidos 2016. En ambas ocasiones fue derrotada por la selección chilena en la definición por penales.
Aquella acumulación de derrotas al borde de la gloria convirtió la búsqueda del título en una carga cada vez mayor para Argentina. Pero la suerte cambió en 2021, cuando venció a Brasil en el mismo Maracaná por 1-0 y conquistó la Copa América tras veintiocho años de espera. Luego, ganó la Finalissima ante Italia en Wembley, se consagró campeona del mundo en Catar 2022 y defendió el título continental con éxito en la Copa América 2024.
De esa forma, las frustraciones se transformaron en una era de consagraciones para la Albiceleste, que llega al nuevo cruce de esta rivalidad intercontinental como vigente campeona mundial y bicampeona de América.

Inglaterra recorrió un proceso distinto. Alcanzó los cuartos de final de la Eurocopa 2004 y del Mundial 2006, pero no se clasificó a la Euro 2008 y volvió a caer entre los ocho mejores en la edición del 2012. La eliminación frente a Islandia en los octavos de la Eurocopa 2016 representó uno de los puntos más bajos de su historia reciente.
Desde entonces, los británicos recuperaron continuidad en el alto nivel competitivo. En Rusia 2018 alcanzaron las semifinales de un Mundial por primera vez desde 1990. Más tarde, llegaron a la final de la Eurocopa 2020 -celebrada en 2021, derrota por penales ante Italia-. En 2022 alcanzaron la fase de cuartos de final en Catar, donde fue derrotada por la vigente campeona Francia. Y en 2024 regresaron al duelo decisivo de la Euro, donde caería ante España por 2 a 1.
Inglaterra volvió a instalarse con regularidad en las últimas instancias de los grandes torneos, pero todavía persigue la consagración que se le niega desde 1966.

La instancia que faltaba
Hoy, la rivalidad las encuentra entre las cuatro mejores del mundo. Su choque no decidirá quién se mete entre los cuatro mejores, sino quién jugará directamente por el título mundial.
Nada asegura que el vencedor termine campeón. Pero ya hay dos ocasiones en las que superar al archirrival fue un paso previo a levantar la Copa.
Sesenta años después de Wembley y cuarenta más tarde del Azteca, la historia vuelve a plantear la misma pregunta: ¿volverá el vencedor de este clásico intercontinental a convertirse en campeón del mundo?
