por Darío Ocampo, socio del CIHF
El mundial vuelve a reunir a Bélgica y España en una instancia decisiva. El cruce por los cuartos de final remite inevitablemente a un antecedente muy recordado. En México 1986, los belgas ganaron por penales y alcanzaron por primera vez las semifinales de una Copa del Mundo.

La ilusión española y el despertar belga
Ambos equipos tenían argumentos suficientes para soñar. España había superado un inicio complicado. La derrota 1 a 0 frente a Brasil —con un gol hispano anulado y el tanto de Sócrates en una posición muy discutida— obligó a los dirigidos por Miguel Muñoz a reaccionar. Las victorias sobre Irlanda del Norte (2 a 1) y la goleada de 3 a 0 a Argelia abrieron paso a los españoles a los octavos de final.
Dinamarca, una de las revelaciones del torneo, fue su rival: llegaba con puntaje perfecto, nueve goles a favor y solo uno en contra. En su debut mundialista, había superado a las campeonas del mundo Uruguay y Alemania, además de Escocia.
La Dinamita Roja se adelantó mediante un penal convertido en gol por Jesper Olsen. Pero Emilio Butragueño apareció en plenitud: hizo cuatro goles y España ganó por 5 a 1. Lo que había hecho el delantero de Real Madrid, un póquer, no ocurría desde que lo hiciera Eusébio, veinte años antes, en Inglaterra. Con esa goleada y despliegue del Buitre, España se instaló entre las principales candidatas al título.

El recorrido belga a los cuartos de final había sido muy distinto. Los Diablos Rojos avanzaron en un grupo que los reunió con México, Paraguay e Irak a partir de un empate, una derrota y una victoria. Entre los mejores terceros, los belgas pasaron de ronda. En octavos, encontrarían vuelo en un partidazo contra la Unión Soviética.
La URSS estuvo dos veces en ventaja gracias a Igor Belánov, pero Bélgica respondió a cada golpe. Enzo Scifo inició la reacción, Jan Ceulemans igualó nuevamente el marcador y, ya en el tiempo suplementario, Stéphane Demol y Nico Claesen parecieron definir la clasificación. Íhor Belánov descontó de penal para completar un triplete que dio algo de suspenso, pero que no alcanzó para evitar la derrota soviética. Bélgica ganó 4 a 3 y llegó a cuartos fortalecida por una victoria memorable.

Tensión en Puebla
Ya en cuartos de final, España asumió el protagonismo desde el comienzo. Bélgica esperaba con paciencia su oportunidad. Y la encontró a los 35′, cuando Franky Vercauteren envió un centro preciso desde la izquierda que Jan Ceulemans conectó con un fuerte cabezazo. Andoni Zubizarreta no pudo hacer nada. El capitán belga ponía en ventaja a su selección y obligaba a los españoles a remar desde atrás.
El desarrollo favoreció durante largo tiempo a los belgas. Jean-Marie Pfaff sostuvo la diferencia con varias intervenciones importantes, aunque Zubizarreta también respondió cada vez que Bélgica encontró espacios para liquidar el partido de contraataque.
Cuando el tiempo parecía agotarse, la Roja encontró el empate: Juan Antonio Señor dio un potente remate desde fuera del área cuando quedaban solo cinco minutos. El remate seco del mediocampista de Real Zaragoza fue imparable para Pfaff. La definición llegó al alargue.
En esa instancia, ninguno de los bandos logró desequilibrar la balanza. Bélgica volvió a generar situaciones peligrosas, pero España sostuvo la presión y el pase a semifinales terminaría resolviéndose en los penales.
Y allí reapareció Pfaff.
El arquero de Bayern München detuvo el remate de Eloy al lanzarse sobre su palo derecho. Con la contención del segundo tiro, le dio a su equipo la posibilidad de adelantarse en la serie. Enzo Scifo no dudó: disparó con potencia al ángulo superior derecho de Zubizarreta y dejó a Bélgica en ventaja. Tras sendas anotaciones por lado, el quinto penal recayó en Leo Van der Elst. El mediocampista de Brugge se encontró con la chance de darle el triunfo a los Diablos Rojos. Pateó fuerte y al medio y selló la clasificación de Bélgica a la primera semifinal mundialista de su historia.

Aquel partido reflejaba un momento muy particular del fútbol europeo: tanto el fútbol español como el belga se mantenían competitivos.
La selección de España tenía una base ampliamente sostenida por jugadores del Real Madrid. Juan Antonio Camacho, Chendo, Rafael Gordillo, Ricardo Gallego, Míchel y Butragueño eran parte de una generación llamada “La Quinta del Buitre”. En 1985 habían iniciado el resurgimiento internacional del club blanco con la conquista de la Copa UEFA, trofeo que volverían a levantar la temporada siguiente. La escuadra belga, por su parte, mantenía buena parte de sus figuras en clubes de su propio país. Anderlecht, Club Brugge y Standard de Liège ocupaban planos valorables a nivel internacional y alimentaban a una selección que podía competirle a cualquiera: cuatro años antes, había derrotado a Argentina, la vigente campeona del mundo, en el Camp Nou. Anderlecht venía de conquistar la Copa UEFA en 1983, de ser subcampeón al año siguiente. En octavos de la Copa UEFA 1984/85, había goleado por 3 a 0 a Real Madrid, pero acabaría eliminado al caer 6 a 1 en la capital española. En 1986, Barcelona enalteció al fútbol español al alcanzar una nueva final de Copa de Europa tras 26 años.
La mejor Bélgica del siglo XX

Aquel duelo en Puebla terminó en manos de Bélgica.
Luego vendría la derrota frente a la Argentina de Diego Maradona en semifinales por 2 a 0 y el cuarto puesto tras perder 4 a 2 contra Francia. A pesar de ello, esta fue la mejor campaña de los belgas en mundiales, hasta 2018, cuando obtendría el tercer lugar.
España tardaría décadas en encontrar la recompensa que perseguía. Recién en Sudáfrica 2010 rompió la barrera de los cuartos de final y conquistó el único título mundial de su historia.
Cuarenta años después, la misma puerta
El contexto cambió. Los futbolistas, los estilos y el lugar que ocupan en el mapa del fútbol internacional también. Pero el antecedente está ahí. Un día, en América del Norte, Bélgica encontró el triunfo más importante de su historia mundialista hasta ese entonces. España, en cambio, volvió a quedarse frente a una puerta que tardaría muchos años en abrir.
Esa misma puerta reaparece. Otra vez, delante de Bélgica y España. La historia ya escribió un capítulo. El siguiente está a punto de jugarse.
